Discutir por las servilletas: de qué va de verdad una pelea de pareja
Por Aura · · Crisis y bache
Casi ninguna pelea de pareja va de lo que parece. Va de quién decide, de quién cede y de lo que no se dice. Lo que se discute en voz alta suele ser la excusa.
Lo aprendí en la finca, mucho antes de echar las cartas.
Tres semanas por un color
Durante once años coordiné bodas en una finca camino de Cuarte. Más de seiscientas. Y con cada pareja pasaba meses de preparación: el menú, las mesas, la música, las flores, mil decisiones pequeñas que hay que tomar entre dos.
Una pareja discutió tres semanas por el color de las servilletas. No era por las servilletas.
No te voy a contar quiénes eran ni qué pasó después, porque no es mío contarlo. Pero sí te digo lo que aprendí: cuando dos personas que se quieren se enganchan durante semanas por algo que, visto desde fuera, no importa nada, es que eso que discuten está tapando otra cosa. Y esa otra cosa sí importa.
De qué va casi siempre
En la finca, y después en la mesa del tarot, he visto repetirse los mismos fondos debajo de discusiones muy distintas. Casi siempre es uno de estos:
- Quién decide. No importa el color: importa que siempre lo elige el mismo. La discusión es la forma de decir «yo también quiero opinar».
- Quién cede. Uno lleva meses cediendo en todo, y un día se planta en lo más tonto. No es que las servilletas le importen: es que ya no le queda paciencia para nada más.
- La familia. Muchas discusiones de pareja son, en realidad, discusiones con los suegros que se tienen dentro de casa porque fuera no se pueden tener.
- El dinero. Quién paga qué, quién gasta en qué, qué se considera un capricho. Rara vez se dice así, pero está debajo de muchas peleas por cosas pequeñas.
- El cansancio. A veces no hay fondo: hay dos personas agotadas que se pelean porque el otro es lo único que tienen a mano.
Cómo saber de qué va la vuestra
A ver, vamos por orden. No hace falta ninguna carta para empezar.
Fíjate en cuándo se repite. Si discutís siempre por cosas distintas, pero siempre después de ver a la misma familia, o siempre a fin de mes, o siempre el domingo por la noche, el tema no es la cosa: es el momento.
Fíjate en quién empieza. No para culpar a nadie, sino porque quien empieza suele ser quien tiene algo que decir y no encuentra cómo. La discusión es su manera torcida de pedir la palabra.
Pregúntate qué pasaría si cedieras. Si cedes en las servilletas y te quedas tranquila, era de verdad por las servilletas. Si cedes y te quedas con rabia, no lo era.
Mira lo que no se dice. En todas las parejas hay un tema que no se toca. Cuando una discusión pequeña sube de tono de golpe, casi siempre es porque se ha acercado a ese tema.
Lo que se ve en una tirada
Cuando alguien me llama y me cuenta que discuten por todo, le pido lo de siempre: vuestra historia en tres frases. Y luego echo la mesa de dos. Una columna para cada uno, y en medio lo que os une y lo que os separa.
Lo que sale en la carta de lo que os separa casi nunca es lo que me han contado. Me cuentan que discuten por la casa, por los horarios, por las vacaciones. Y en esa posición sale El Emperador invertido, que habla de quién manda y de normas que nadie ha acordado. O La Justicia invertida, que habla de una balanza que no está compensada: uno pone más que el otro, y empieza a llevar la cuenta.
Ahí está la conversación de verdad. No la de las servilletas: la de quién decide en esta casa, o la de quién lleva meses poniendo más.
Y en tu columna y en la suya se ve otra cosa importante: si los dos estáis peleando por lo mismo o cada uno por una cosa distinta. Pasa mucho. Ella discute porque siente que nunca la escuchan; él discute porque siente que nada de lo que hace está bien. Están en la misma pelea y cada uno en una guerra distinta.
Un bache no es un final
Que discutáis mucho no quiere decir que la relación se esté acabando. Un bache se distingue de un final por lo que todavía se hace juntos, no por lo que se dice en una discusión.
Si discutís cada semana, pero seguís cenando juntos, os seguís riendo de lo mismo y hacéis planes para dentro de un mes, lo que tenéis es una conversación pendiente. Lo preocupante no es discutir: es cuando ya ni merece la pena discutir.
→ Lo que distingue una crisis de un cierre
Algo para esta semana
No te voy a decir que dejéis de discutir, que eso no se arregla con un consejo. Te propongo una cosa más pequeña.
La próxima vez que os enganchéis por algo tonto, para un momento y pregunta, sin ironía: «¿esto va de esto, o va de otra cosa?». Así, tal cual. Muchas veces la otra persona se queda callada un segundo, y luego te dice de qué va. Y esa es la conversación que llevabais semanas sin tener.
Si no sale, tampoco pasa nada. Ya has dicho en voz alta que sabes que hay algo debajo, y eso, a veces, es suficiente para que la próxima pelea sea distinta.
Cuándo no es una pelea normal
Discutir es normal. Tener miedo no lo es. Si en tu casa las discusiones acaban con gritos que te asustan, con amenazas, con cosas rotas o con alguien que controla lo que haces, eso ya no es una discusión de pareja. No te leo las cartas para eso: llama al 016, que es gratuito, atiende a cualquier hora y no aparece en la factura.
Para todo lo demás, para las servilletas de cada pareja, para eso sí está la mesa. Yo te la pongo; la conversación la tenéis vosotros.