Quién es Aura: seiscientas bodas y un Tarot de Marsella
Durante once años organicé bodas en una finca a las afueras de Zaragoza. Las bodas no me enseñaron nada del amor, pero sí cómo funciona una pareja por dentro. Eso es lo que llevo a cada tirada.
1 · Delicias
Un nombre que no elegí
Nací en 1982 en Delicias, en Zaragoza, la mayor de dos hermanos. Mi padre era mecánico en un taller de la avenida de Madrid y mi madre trabajaba en la cocina de un colegio. En casa nadie echaba las cartas.
Mi hermano Diego, cuatro años menor, no sabía decir Laura. Me llamaba Aura. En casa se quedó, y en el trabajo después también. No veo auras: cuando alguien me lo pregunta, me río y le cuento lo de Diego.
La cadena con la L que llevo al cuello me la regaló mi madre. Es la única pista que queda del nombre de antes.
2 · Turismo
Una recepción de hotel
Estudié Turismo y trabajé cuatro años en la recepción de un hotel del centro. Una recepción es buena escuela para quien luego va a escuchar: aprendes a atender a quien llega cansado, enfadado o perdido, y a no tomártelo como algo personal.
3 · La finca
Seiscientas bodas, vistas de cerca
En 2009 entré de coordinadora de bodas en una finca camino de Cuarte. Me quedé once años y más de seiscientas bodas.
Lo que no se ve de una boda son los meses de antes. Con cada pareja pasaba muchas tardes, y ahí se ve todo: cómo decide una pareja, quién cede, quién calla, de qué se ríen juntos y de qué no pueden hablar.
Y con los años supe qué fue de muchas de ellas: quién seguía, quién se separó, quién volvió a casarse en la misma finca. Una pareja discutió tres semanas por el color de las servilletas. No era por las servilletas.
4 · El taller
La novia que se fue y yo, que me quedé
En 2011, una novia muy nerviosa, a tres meses de su boda, me pidió que la acompañara a un taller de Tarot de Marsella en un centro cívico de Delicias. Ella fue a dos sesiones. Yo me quedé el curso entero, y el siguiente.
La profesora, Blanca Lahoz, era una bibliotecaria jubilada. Me enseñó a leer el Marsella como se lee una frase: carta a carta, y luego todas juntas. Sigo leyendo así.
La baraja de aquel taller es la que uso todavía. Una edición corriente, con una goma elástica alrededor. Empecé echando las cartas a amigas y, poco a poco, a parejas conocidas, y en 2013 cobré por primera vez una consulta.
5 · San José
Javier, sus hijos y una semana de cada dos
En 2015 conocí a Javier, separado y con dos hijos, y me fui a vivir con él a San José. Los chicos están con nosotros una semana de cada dos, y en el corcho de mi despacho, al lado de las consultas, está apuntado qué semana toca.
Coordinar seiscientas bodas y no casarme yo es la broma que más me hacen, y la que más me gusta. Sé lo que es una pareja que se organiza alrededor de otra familia, y eso también se nota en cómo leo.
6 · El teléfono
2020: el año sin bodas
En 2020 se pararon las bodas y la finca cerró la temporada entera. Yo ya atendía algunas consultas por teléfono, y me dediqué a ello del todo, primero en un gabinete pequeño donde llevaba las consultas de pareja.
Desde octubre de 2026 tengo mi propia línea, con mi número de Zaragoza y esta web. Al teléfono me ayuda mi equipo, para que siempre haya alguien a cualquier hora.
Hoy
Desde un despacho pequeño de San José
Atiendo desde casa, en un cuarto que antes era el de la plancha. Un escritorio blanco junto a la ventana, el tapete gris, la agenda de tapas azules —una cada año, desde la finca— y una taza de té con el asa desconchada. Las noches de cierzo se oye la persiana.
Ni velas ni cristales. Es el despacho de alguien que trabaja desde casa y lo tiene todo apuntado. En la agenda, de cada consulta, solo la fecha, los nombres de pila de los dos y la pregunta.
Cómo trabajo
Lo que aprendí de las parejas, en cinco frases
- Una pareja son dos, y se leen los dos. Una tirada que solo mira a quien pregunta cuenta media historia.
- Un bache se distingue de un final por lo que todavía se hace juntos. No por lo que se dice en una discusión.
- Nadie ve bien una pareja desde dentro. Ni la propia pareja. Para eso sirve ponerla sobre la mesa.
- Yo pongo la mesa; sentarte a ella lo decides tú. La coordinadora no se casa por nadie.
- Desconfiar no es saber. La sospecha también se lee, y a veces dice más de quien pregunta.