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Celos: cuándo se leen y cuándo hay que pedir ayuda

Por Aura · · Confianza

Una mesilla de noche a oscuras con un móvil encendido de lado, un vaso de agua y unas gafas, junto a una cama deshecha

Unos celos se pueden leer. El control, el miedo y la violencia, no: ahí no echo las cartas, te doy el 016. Saber dónde está la línea entre una cosa y otra es lo más importante de este artículo, así que empiezo por ahí.

Dónde está la línea

Los celos son un sentimiento. Te pasan por dentro: inseguridad, miedo a perder a alguien, comparaciones, una desconfianza que a veces tiene motivos y a veces no. Son incómodos, pero son tuyos, y se pueden hablar.

El control es una conducta. Es lo que alguien hace con sus celos cuando decide que el problema es la otra persona y que hay que vigilarla. Y el control tiene señales muy claras:

  • revisar el móvil del otro, o exigir las contraseñas;
  • decidir con quién puede hablar, con quién salir o cómo vestir;
  • enfadarse de forma que da miedo cuando el otro no avisa, llega tarde o dice que no;
  • apartar poco a poco a la pareja de sus amigos o de su familia;
  • controlar el dinero del otro sin que sea un acuerdo de los dos.

Si eso te está pasando a ti, no hace falta ninguna tirada. Llama al 016. Es gratuito, atiende a cualquier hora y no aparece en la factura del teléfono. Si estás en peligro ahora, el 112. Y si me lo cuentas en una consulta, te lo voy a decir así de claro, y esa consulta no se cobra.

Si eres tú quien está haciendo alguna de esas cosas, también es momento de pedir ayuda a un profesional. Los celos se trabajan; el control hace daño.

Cuando sí se leen

Fuera de esa línea, los celos son de lo más corriente que me llega. «Me ha dicho que va a cenar con compañeros de trabajo y no estoy tranquila.» «Desde que tiene ese amigo nuevo le noto distinto.» «Sé que no debería, pero no puedo dejar de pensar que hay alguien.»

Eso sí se pone sobre la mesa. Y lo que más ayuda de una tirada de pareja, en estos casos, es que tiene dos columnas.

En la columna de la otra persona miro cómo está respecto a la relación: si hay ganas, distancia, algo que se guarda. Lo que no hago es convertir eso en un hecho. No te voy a decir si te engaña: eso no está en las cartas, y una acusación rompe parejas que no estaban rotas.

En tu columna miro de dónde viene lo que sientes. Y aquí es donde salen más cosas.

Desconfiar no es saber

La sospecha también se lee, y a veces dice más de quien pregunta que de la otra persona.

Muchas veces, en la columna de quien tiene celos sale una carta que no habla de la pareja, sino de otra cosa: La Luna, que habla de dudas y de una imaginación que rellena lo que no sabe; El Colgado, que habla de alguien que se está sacrificando y espera algo a cambio que no llega; o La Estrella invertida, una ilusión que se ha ido apagando.

Eso no quiere decir que tus celos no tengan motivo. Quiere decir que lo primero que hay que mirar es qué te está faltando a ti en esta relación. Porque los celos, casi siempre, señalan una necesidad: más atención, más tiempo, más seguridad, más claridad sobre lo que sois.

Las cartas que asustan

Hay cartas que la gente lee como señal de infidelidad, y no lo son:

  • El Diablo habla de deseo y de enganche. Puede ser el vuestro.
  • El Enamorado invertido habla de dudas entre dos caminos. Un trabajo, una ciudad, una forma de vivir. No tiene por qué ser otra persona.
  • La Papisa habla de alguien que se guarda lo que piensa. Callar no es engañar.

Si alguien te lee estas cartas como prueba de que hay otra persona, te está dando una certeza que no tiene. Y con esa certeza se dicen cosas que no tienen vuelta atrás.

→ Lo que te leo cuando desconfías, y lo que no

Qué hacer con unos celos

A ver, vamos por orden.

Primero, separa los hechos de lo que imaginas. «Llega tarde los jueves» es un hecho. «Está con alguien» es lo que tu cabeza ha puesto encima. Escríbelo en dos columnas si hace falta: lo que has visto y lo que has pensado.

Segundo, habla de ti, no de la otra persona. «Me siento insegura desde que no cenamos juntos» se puede escuchar. «Seguro que estás con alguien» no, porque obliga al otro a defenderse.

Tercero, no vigiles. Mirar su móvil no te va a dar paz, aunque no encuentres nada. Al revés: te deja con la sensación de que la próxima vez sí encontrarás algo, y has cruzado una línea que luego cuesta deshacer.

Cuarto, si los celos no se te pasan por mucho que te tranquilicen, pide ayuda. A veces vienen de otra relación, de algo que te pasó antes, y esa herida no se cierra con una conversación de pareja. Un psicólogo ayuda ahí donde yo no llego.

Algo para esta semana

Elige un momento tranquilo, sin prisas y sin el móvil delante, y di una sola frase sobre lo que te pasa, empezando por «yo»: «yo estoy insegura», «yo te echo de menos», «yo no sé qué somos». Y luego calla y escucha.

No hace falta resolverlo esa noche. Lo importante es que la conversación sea sobre lo que os falta, no sobre lo que sospechas.

Para terminar

Los celos no son un monstruo ni una prueba de amor. Son una señal de que algo necesita atención. Lo que hagas con ellos marca la diferencia: hablarlos acerca; vigilar aleja.

Y si en algún momento lo que sientes no son celos, sino miedo de tu pareja, esa no es una consulta de tarot. El 016 está para eso, a cualquier hora.

→ Cómo es la tirada de pareja, con tu columna y la suya

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